top of page
Buscar

Cuando El Silencio No Es La Ausencia De Pensamiento

Mi camino a través de la mente, la meditación y una libertad más profunda



Un comienzo personal


Alrededor del año 2012 me volqué profundamente hacia la meditación y la atención plena.

Como muchas personas, estaba buscando más presencia, más paz, más claridad. Empecé a notar cuánto sufrimiento puede generar el exceso de pensamiento: la mente repitiendo escenas, analizando sin descanso, anticipando, juzgando, creando tormentas emocionales que parecían no tener fin.


La meditación se convirtió en un refugio.


Con el paso de los años aprendí a observar mis pensamientos, a permitir mis emociones, a estar presente con lo que es. Y más recientemente comencé a explorar algo aún más sutil: vaciar la mente. Entrar en el silencio. No involucrarme con el pensamiento.


Y descubrí algo poderoso.


Había momentos en los que el silencio aparecía de manera natural. Con él llegaba una sensación profunda de libertad. Ligereza. Espacio. Ninguna batalla interna.


Pero junto a ese descubrimiento surgió otra cosa: la lucha.


¿Por qué no puedo quedarme ahí?

¿Por qué la mente vuelve?

¿Por qué ciertas ideas siguen activando emociones?


Este texto nace de esa experiencia vivida: la integración entre el silencio, la rumiación, la vergüenza, el cuerpo y el sistema nervioso.


Por qué buscamos tanto el silencio


En espacios espirituales y psicológicos, la mente suele presentarse como la fuente del sufrimiento. Se nos invita a:


* Observar los pensamientos.

* No identificarnos con ellos.

* Permanecer en el presente.

* Calmar la mente.


Y es cierto: identificarse inconscientemente con el pensamiento puede generar ansiedad, miedo y desbordamiento emocional.


Pero aquí aparece una confusión frecuente.


El pensamiento en sí no es el enemigo.


Pensar no es el problema.

El verdadero problema es la guerra interna contra el pensamiento.



Dos formas de observar


Con el tiempo comprendí que no toda “observación” es igual.


1. Observación mental


Es cuando miramos los pensamientos desde la cabeza.

Los analizamos, los etiquetamos, los vigilamos.


Puede aportar claridad.


Pero también puede estimular más actividad mental.


La mente se siente observada… y se activa aún más.


2. Observación somática


Es muy diferente.


En lugar de quedarnos en la historia que cuenta el pensamiento, la atención desciende al cuerpo.


¿Dónde está la tensión?

¿En el pecho?

¿En la garganta?

¿En el abdomen?

¿En la mandíbula?


Este tipo de presencia no alimenta el bucle.

Permite que el sistema nervioso procese lo que está debajo del pensamiento.


Y muchas veces, el pensamiento se aquieta por sí solo.



La rumiación no es un problema de pensar


Una de las comprensiones más importantes para mí fue esta:


La rumiación suele ser un ciclo emocional que no se ha completado.


La mente repite porque el cuerpo no ha terminado lo que comenzó.


Si intento silenciar la mente mientras mi cuerpo sigue activado, lo que creo es represión. Y la represión no es silencio: es presión.


Y toda presión, tarde o temprano, rebota.


En cambio, cuando permito que la sensación se mueva en el cuerpo —a través de la respiración, el sonido o el movimiento— algo cambia. El bucle se suaviza. No porque haya vencido al pensamiento, sino porque la carga que lo sostenía se ha integrado.



La cuchilla invisible: la vergüenza


Hay algo aún más sutil.


Cuando los pensamientos regresan después de un momento de silencio, puede aparecer otra capa:


“Debería estar más allá de esto.”

“¿Por qué sigo aquí?”

“No lo estoy haciendo bien.”


Esa vergüenza duele más que el pensamiento mismo.


El pensamiento no es el cuchillo.

La vergüenza lo afila.


Cuando comencé a notar esa capa —sin juzgarla— la intensidad disminuyó notablemente.


El silencio no se rompe por el pensamiento.

Se altera por el autojuicio.



Silencio o represión


Con la experiencia aprendí que existen diferentes tipos de “calma”:


* Represión: forzar a la mente a callar.

* Evitación: salir del cuerpo para no sentir.

* Silencio natural: el que aparece cuando no hay lucha interna.


El verdadero silencio no se fabrica.


Aparece cuando dejo de interferir.


Incluso puede estar presente mientras hablo, escribo o pienso. Hay una quietud de fondo que no depende de que la mente esté vacía.


Ese silencio no se siente como vacío.

No pesa.

No aísla.


Se siente libre.



Deseo, conexión y desapego


En paralelo con mi práctica meditativa, surgió otra comprensión.


Antes buscaba personas que pudieran encontrarme en cierta profundidad. Anhelaba resonancia, comprensión emocional. Y cuando no la encontraba, me contraía.


Con el tiempo algo cambió.


Puedo seguir deseando conexión.

Puedo seguir valorando la profundidad.

Pero mi estabilidad ya no depende de eso.


Hay una diferencia entre desear y apegarse.


Puedes querer algo sin derrumbarte cuando no está.


El silencio me enseñó eso.

La presencia me enseñó eso.



El ritmo entre pensamiento y silencio


Durante un tiempo creí que el objetivo era eliminar completamente el pensamiento.


Hoy veo más bien un ritmo:


Pensamiento → Emoción → Descarga → Silencio → Pensamiento otra vez.


El silencio no es un estado que deba sostenerse a la fuerza.

Es una base a la que regresamos.


Cuanto más profundizo en la conciencia, menos necesito que el silencio sea un estado especial. Se convierte en un fondo estable, no en un destino.


Los pensamientos pasan como nubes en el cielo.



Qué ayuda cuando comienza la rumiación


Cuando la mente entra en bucle, ya no me pregunto:


“¿Cómo detengo esto?”


Me pregunto:


“¿Dónde está la carga?”


Relajo la mandíbula.

Alargo la exhalación.

Siento el pecho, el abdomen.

A veces dejo salir sonido: un suspiro, un murmullo, una vibración cruda.


El cuerpo procesa.

La ola se completa.

El silencio vuelve por sí solo.


No siempre de inmediato.

Pero de manera natural.



Lo que entiendo ahora


No intento destruir mi mente.

No intento convertirme en alguien permanentemente silencioso.


Estoy aprendiendo a:


* Pensar sin identificarme.

* Sentir sin reprimir.

* Desear sin apegarme.

* Estar en silencio sin forzarme.


La mente no es mi enemiga.

El sistema nervioso no es mi enemigo.

El silencio no es algo que conquisto.


Es algo que aparece cuando el conflicto se disuelve.


Y cuando aparece, no se siente como vacío.


Se siente como espacio.


Y en ese espacio, ya no intento convertirme en una versión mejor de mí.


Simplemente estoy aquí.


Katiana

 
 
 

Comentarios


bottom of page