top of page
Buscar

Presencia, Silencio, Apertura y Paz



Durante más de catorce años he observado mis pensamientos. Nunca creí que la presencia significara tener menos pensamientos. Los pensamientos eran parte de mi mundo interior, y aprendí a mirarlos sin intentar eliminarlos.


Lo que cambió recientemente no fue mi relación con el pensamiento, sino mi experiencia del silencio. Apareció una mente silenciosa, y con ella una paz profunda. Espaciosa. Simple. Sin complicaciones. Sentí lo hermoso que era cuando nada requería mi participación mental.


Y me apegué a esa paz.


No porque quisiera controlar nada, sino porque se sentía como alivio. Un alivio de algo que aún no había identificado con claridad.


Al mismo tiempo, simplifiqué mi entorno. Dejé de escuchar podcasts mientras manejaba, cocinaba, me bañaba o me cepillaba los dientes. Puedo escuchar uno al día, pero solo ese. Sin superponer información constantemente. Reduje casi por completo las redes sociales. Empecé a hacer una sola cosa a la vez.


Al principio hubo más silencio. Mi respiración se volvió más profunda. Me sentía más presente.


Pero lo que realmente ocurrió no fue solo paz. Lo que ocurrió fue que finalmente pude sentirme.


Al dejar de adormecer mis sensaciones con información constante, empecé a notar más mis pensamientos, mis emociones, mi cuerpo. Ya no estaba escapando en las voces de otros. Estaba sentada dentro de mi propio sistema nervioso.


Y ahí descubrí algo que nunca había visto con tanta claridad.


Estoy apurada.


No de forma dramática. No en pánico. Pero constantemente. Me cepillo los dientes rápido. Limpio rápido. Me visto rápido. Manejo rápido. Trabajo rápido. Siempre había una sutil sensación de urgencia en mi cuerpo, como si algo estuviera un poco más adelante esperándome.


Viví así toda mi vida sin notarlo realmente. Las distracciones lo cubrían. La productividad lo justificaba. La información lo anestesiaba.


Solo cuando dejé de llenar cada espacio, me di cuenta de que esa urgencia siempre había estado ahí.


Esa urgencia era mi línea base.


La línea base es el tono de tu sistema nervioso cuando no está pasando nada especial. Es cómo se siente tu cuerpo cuando no estás estimulado, entretenido ni reaccionando. La mayoría no conocemos nuestra línea base porque casi nunca nos permitimos estar sin estímulo.


Cuando reduje la estimulación, me encontré con la mía.


Y la mía estaba ligeramente movilizada.


Eso explicó algo importante sobre los altos y bajos. Si tu línea base ya tiene tensión, los momentos de alegría se sienten muy altos en comparación. Pero cuando la alegría pasa, vuelves a la línea base, y ese regreso puede sentirse como una caída.


No es que la felicidad esté mal. Es que el sistema nervioso vuelve a lo que le resulta familiar.


Empecé a entender que no estaba buscando euforia. Estaba buscando regulación. Quería una línea base estable y abierta, viva pero sin urgencia.


Mirando más profundo, reconocí algo de mi historia. Siempre había en mi cuerpo la sensación de que si no era lo suficientemente rápida, algo iba a salir mal. No como una frase mental, sino como una orientación física.


La velocidad significaba seguridad.


Lo veo en situaciones cotidianas. Cuando estoy activada y alguien maneja muy despacio delante de mí, algo en mi cuerpo reacciona. Hay irritación, no porque la persona esté equivocada, sino porque mi sistema interpreta la lentitud como retraso, y el retraso como riesgo.


Cuando estoy presente y regulada, no me molesta. Cuando estoy estresada, sí.


El problema no es la lentitud. Es la activación.


Otro cambio importante ocurrió en mi manera de relacionarme con mi experiencia interior. Durante años, enfocaba mi atención de forma muy precisa. En la idea. En la sensación. En la emoción. Mi atención era intencional, pero estrecha.


Ahora estoy aprendiendo algo diferente.


En lugar de enfocar de manera estrecha, amplío la conciencia. Permito que una sola conciencia sostenga todo al mismo tiempo. Pensamientos, sensaciones, emociones, sonidos, circunstancias. Múltiples experiencias, un solo campo de conciencia.


Esa conciencia es amplia y estable. No colapsa en un solo elemento.


Y en esa amplitud entendí algo esencial.


Yo no soy esa paz que experimenté en el silencio. Yo soy la conciencia misma. La paz no es mi identidad. Es el resultado de una conciencia que no está contraída.


Esa comprensión lo cambió todo.


Lo que realmente valoro no es el silencio. Es la apertura.


La apertura significa que puedo estar con alguien que me habla, con una serie encendida, con un evento inesperado, sin necesitar que la realidad sea diferente. Es un estado receptivo que no resiste lo que está.


La apertura puede convertirse en línea base.


Y cuando la apertura es la línea base, los altos no son abrumadores y los bajos no son amenazantes. La experiencia sigue moviéndose, pero hay estabilidad debajo.


Actualizar la línea base no requiere cambios extremos. No necesito eliminar pensamientos. No necesito ir lento todo el tiempo. No necesito imponer calma constante.


Puedo moverme cinco por ciento más lento.


Puedo alargar ligeramente mi exhalación.


Puedo permitir que la activación suba sin actuar inmediatamente desde ella.


Cada vez que nada se derrumba, mi sistema nervioso aprende algo nuevo.


La seguridad no es filosofía. No es pensamiento positivo. Es una experiencia sentida en el cuerpo. La paz no es algo que impongo a mi mente. Es lo que emerge cuando mi sistema nervioso deja de sentirse en modo emergencia.


Y esa seguridad se construye suavemente, a través de experiencias repetidas y encarnadas.


Hoy sentí estrés mientras trabajaba en decisiones de negocio. Sentí claramente la urgencia en mi cuerpo. La observé. Terminé lo que debía hacer. Luego moví mi cuerpo de forma consciente. Ahora no hay contracción en mi pecho ni en mi garganta.


Eso es progreso.


No la ausencia de estrés, sino la capacidad de metabolizarlo.


Si estás leyendo esto, te invito a hacerte una pregunta simple. Cuando disminuye la estimulación, cuando no estás distraído ni entretenido, ¿qué siente tu cuerpo?


¿Cuál es tu línea base?


A veces la transformación más importante no es alcanzar estados más altos. Es actualizar, con suavidad, el lugar al que siempre regresas.


Para mí, ese lugar se está convirtiendo en apertura.


Y eso se siente como libertad.


Katiana

 
 
 

Comentarios


bottom of page